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La prosperidad: economías sostenibles e inclusivas

Un hombre posa en un campo de plantas de mandioca cultivadas con una técnica perfeccionada en Boukoko (República Centroafricana).

CREDIT: FAO/Riccardo Gangale

La prosperidad: economías sostenibles e inclusivas

La economía mundial debe llegar a ser ambientalmente sostenible e inclusiva para que la Agenda 2030 tenga éxito. En esa transformación, a la educación le corresponde un papel clave.

La educación y el aprendizaje a lo largo de toda la vida son necesarios para hacer sostenibles la producción y el consumo, impartir competencias para crear una industria verde y orientar la enseñanza superior y la investigación hacia la innovación ecológica. También desempeñan un papel en la transformación de sectores económicos esenciales, como la
agricultura, en los que descansan tanto los países ricos como los pobres.

Lo mismo que la economía tiene que convertirse en sostenible, también debe llegar a ser más inclusiva y menos desigual. La educación de buena calidad puede contribuir a esos fines. Una fuerza de trabajo más y mejor instruida es esencial para el crecimiento económico inclusivo centrado en el bienestar humano. La educación disminuye la pobreza porque aumenta las posibilidades de encontrar un trabajo decente y unos ingresos suficientes, y ayuda a cerrar las brechas salariales debidas al género, la condición socioeconómica y otras causas de discriminación.

LA ECOLOGIZACIÓN DE LA INDUSTRIA AUMENTARÁ LA DEMANDA DE COMPETENCIAS

El desarrollo sostenible y el crecimiento verde significan crear industrias verdes y ‘ecologizar’ las existentes. Las industrias verdes ya emplean a grandes cantidades de trabajadores y se prevé que crezcan considerablemente en los países de menores ingresos. Por ejemplo, puede que a las fuentes de energía renovable les corresponda casi la mitad del aumento total de la generación de electricidad en el mundo entre 2015 y 2040, que crecerá especialmente en China, la India, América Latina y África.

La creación de industrias verdes exige que existan trabajadores muy capacitados con estudios y formación superiores específicos; para ecologizar las industrias existentes es necesario impartir enseñanza y formación permanentes a trabajadores de calificación baja y media, a menudo en los centros de trabajo mismos. Las personas encargadas de formular políticas y los educadores afrontan el reto de definir qué competencias hay que enseñar, mientras las economías experimentan un cambio rápido.

La sostenibilidad y el crecimiento verde imponen aumentar notablemente las inversiones en investigación y desarrollo. Para que los sistemas de enseñanza superior proporcionen a bastantes personas conocimientos y competencias especializados en una amplia variedad de campos, se necesitan planes de estudios diversos y específicos, junto con programas de estudio en cooperación que abarquen distintos ámbitos. La Asociación Internacional de la Energía calcula que los gobiernos tienen que aumentar la investigación y desarrollo en energía hasta cinco veces al año para alcanzar una rápida transición a una situación de baja intensidad de emisión de carbono.

LA EDUCACIÓN PUEDE AYUDAR A TRANSFORMAR LA AGRICULTURA

En todo el mundo, la agricultura se halla ante un reto sin precedentes en el período de 2015 a 2030. Es uno de los sectores económicos al que afecta más directamente la degradación del medio ambiente y produce un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero. Ahora bien, el aumento de la población impone un aumento enorme pero sostenible de la producción de alimentos y una distribución más equitativa de los suministros de alimentos.

Los programas de alfabetización y extensión agraria pueden ayudar a los agricultores a aumentar su productividad en hasta un 12%. Click to Tweet

La educación es vital para la producción sostenible de alimentos. La enseñanza primaria y la secundaria dotan a los futuros agricultores de competencias básicas y de conocimientos esenciales acerca de los desafíos que plantea la sostenibilidad en la agricultura. Las políticas sobre formación y competencias profesionales colman la brecha entre los agricultores y la nueva tecnología. Los programas de alfabetización y extensión agraria pueden ayudar a los agricultores a aumentar su productividad. Las investigaciones agrícolas conectadas con la enseñanza superior ayudan a producir innovación conducente a una mayor sostenibilidad. Ahora bien, muchos países y donantes han interrumpido o disminuido las inversiones en esas investigaciones. Al respecto, debe destacarse que el porcentaje del África subsahariana en el gasto mundial en investigaciones agrícolas públicas disminuyó del 10% en 1960 al 6% en 2009.

LA EDUCACIÓN Y EL APRENDIZAJE A LO LARGO DE TODA LA VIDA CONTRIBUYEN AL CRECIMIENTO ECONÓMICO A LARGO PLAZO

Unos mayores niveles de enseñanza primaria y secundaria contribuyen al crecimiento económico a largo plazo. A los niveles iniciales de resultados escolares se debe aproximadamente la mitad de la diferencia de las tasas de crecimiento entre el Asia oriental y el África subsahariana entre 1965 y 2010. La educación de buena calidad y los trabajadores altamente calificados fomentan las mejoras de la productividad y el cambio tecnológico. Las diferencias de calidad de los sistemas educativos ayudan a explicar el ´milagro’ del crecimiento económico del Asia oriental y los ‘decenios perdidos’ de América Latina. Para que los países prosperen, es absolutamente necesario que inviertan en enseñanza secundaria y superior de buena calidad. Esto se aplica muy especialmente al África subsahariana, en donde la tasa bruta de matriculación en la enseñanza superior fue de solo el 8% en 2014.

Para que la educación siga impulsando el crecimiento económico, debe evolucionar a la par del mundo del trabajo que está cambiando rápidamente. La tecnología no solo ha aumentado la demanda de trabajadores muy cualificados, sino que además ha disminuido la demanda de puestos de trabajo de cualificación media, como los de los  administrativos y vendedores y los operarios de máquinas, cuyas tareas se automatizan más fácilmente. Esta situación podría afectar a millones de trabajadores en el futuro: en 2015, un poco menos de dos terceras partes de los empleos correspondían a ocupaciones de cualificación media.

En 2020, el mundo podría tener un déficit de 40 millones de trabajadores con estudios superiores con respecto a la demanda. Click to Tweet

Está demostrado que la mayoría de los sistemas educativos no satisfacen la demanda de los mercados. En 2020, el mundo podría tener un déficit de 40 millones de trabajadores con estudios superiores con respecto a la demanda, y un excedente de hasta 95 millones con estudios inferiores.

Es probable que las aptitudes y competencias que promueve la enseñanza integral general el pensamiento crítico, la solución de problemas, el trabajo en equipo y sobre proyectos y competencias firmes en lectura, escritura, aritmética, comunicación y exposición– sigan estando valoradas en el mercado de trabajo. Adquirir una gama de competencias transferibles y básicas es, pues, sumamente importante para el empleo futuro. El reto que se plantea a los sistemas educativos es cómo impartirlas del modo más eficaz a los alumnos.

LA EDUCACIÓN PUEDE APOYAR LA INCLUSIÓN SOCIAL

La educación es esencial para conseguir que el crecimiento económico sea sostenible y no deje a nadie atrás. La educación impulsa el crecimiento, aumenta los ingresos de los más pobres y, si está distribuida equitativamente, reduce la desigualdad. Si diez Estados miembros recientes de la Unión Europea (UE) alcanzan las metas fijadas para 2020 de reducir el abandono escolar temprano y aumentar el número de alumnos de la enseñanza superior, se podría reducir en 3,7 millones la cantidad de quienes están en riesgo de caer en la pobreza.

However, increases in training and skills have not always translated evenly into reduced social inequality. Alongside efforts to equitably expand education, governments need to Sin embargo, los aumentos de la formación y las competencias no se han traducido siempre por igual en una menor desigualdad social. Junto a los esfuerzos encaminados a ampliar equitativamente la educación, los gobiernos tienen que centrarse en políticas sociales redistributivas para ayudar a invertir la tendencia al ensanchamiento de la desigualdad de ingresos dentro de los países.

LA EDUCACIÓN MEJORA LOS RESULTADOS DEL MERCADO DE TRABAJO

Las tasas de desempleo son menores entre las personas más instruidas, especialmente en los países más ricos. En la OCDE, solo el 55% de los adultos de 25 a 64 años de edad con estudios inferiores al segundo ciclo de la enseñanza secundaria tenía trabajo en 2013, frente al 73% de los que habían cursado el segundo ciclo de secundaria o estudios no superiores y al 83% que poseían una calificación superior. En los países más pobres, a menudo esta relación es menos acusada entre los jóvenes, lo que indica que la demanda de mano de obra calificada es limitada y que los sistemas educativos no dotan a los estudiantes con las competencias pertinentes.

Disminuir la disparidad en materia de educación puede aumentar el acceso al trabajo decente entre los grupos desfavorecidos. El análisis efectuado para el Informe GEM 2016 indica que si unos trabajadores de orígenes sociales favorecidos y más desfavorecidos hubiesen recibido la misma educación, las disparidades en la pobreza laboral podrían reducirse en un 39%.

La educación está claramente relacionada con los ingresos profesionales: en 139 países, el índice de rentabilidad por cada año más de escolarización es del 9,7%. Los índices de rentabilidad son más elevados en los países más pobres que carecen de trabajadores cualificados. Ahora bien, para lograr que los estudiantes alcancen el mayor nivel de  instrucción posible, es necesario que la inversión en la educación se acompañe de políticas económicas que conduzcan al aumento de la demanda de personal cualificado.

Si bien el crecimiento verde ofrece muchas oportunidades de multiplicar el empleo, es inevitable que se pierdan puestos de trabajo cuando cierran industrias insostenibles ambientalmente. Se necesitan políticas de aprendizaje a lo largo de toda la vida más amplias para promover programas de enseñanza y capacitación que habiliten a los trabajadores desplazados para pasar a desempeñar nuevos puestos de trabajo.